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Contaminación en oficinas – Trabajar en medio del pantano

Es cierto: los interiores pueden estar tan contaminados como los ambientes exteriores, algunas veces incluso más. Lo que también es cierto es que rara vez prestamos atención a que tan contaminados están.

“Al menos está limpio en la oficina…”

Que el nuestro es un mundo muy contaminado es algo que ha quedado establecido sin ninguna duda. No hay manera de escapar a a la contaminación que generamos con los desechos de nuestra industria, a menos que vayamos a la montaña, al desierto o al océano. E incluso en esos ambientes silvestres no hay garantía de que la contaminación causada por nuestras acciones no muestre su cara, como es el cado de la Gran mancha de basura del Pacífico, o la contaminación de las colinas y las montañas. No importa de qué manera queramos verlos, la verdad es que no podemos suavizar el golpe que nuestra vida moderna causa al planeta que nos sustenta.

Por supuesto, estas son grandes preguntas en las que rara vez reflexionamos; poco antes de ir a dormir, en el silencio de la noche, o en las raras ocasiones en las que alguna forma de pensamiento iluminado se abre paso entre el ruido de nuestras actividades diarias. Para la mayoría de nosotros, la contaminación es un problema que se limita al espacio inmediato fuera de nuestros hogares: los parques donde hacemos ejercicio, las ciudades donde llevamos a cabo la mayor parte de nuestra vida, el aire rico en toxinas que contamina nuestros cielos y hace del respirar en las calles una forma de suicidio lento. Más raras aún son las ocasiones en que nos detenemos a pensar en cuán contaminadas están nuestras casas y oficinas.

Tendemos a pensar en los espacios cerrados como protección contra los peligros del exterior. Ahí dentro no hay bestias salvajes, o gente que quiera hacernos daño, pero esta pequeña burbuja de protección se revienta cuando la contaminación del aire penetra por las grietas de las puertas y las ventanas. Nuestras casas y oficinas, por muy seguras que sean, a menudo son tan malas para nuestra salud como las calles más concurridas de Londres durante las horas pico. No solo la contaminación exterior del aire penetra en nuestros interiores cuando intentamos ventilarlos, también debemos lidiar con la contaminación producida por nuestros propios espacios interiores.

Esto no se debe al mal diseño, sino a las propiedades químicas de los actuales materiales de construcción, así como a los electrodomésticos descompuestos y los suministros de oficina que se degradan con el tiempo. La ciencia contemporánea apenas está abordando las posibilidades de métodos más ecológicos para la construcción de edificios y fabricación de productos esenciales, por lo que aún falta tiempo para que los ordenadores se vuelvan biodegradables y que los arquitectos diseñen edificios con una huella de carbono cero capaces de no enfermar a quienes trabajan y vive ahí dentro debido a la gradual descomposición de sus materiales.

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Nubes de CO2 que flotan en la oficina

Respiramos entre 8.000 y 9.000 litros de aire por día, y cada una de esas respiraciones carga con una densidad de gases tanto beneficiosos como perjudiciales para nuestra salud, en ellos el dióxido de nitrógeno (NO2) y diversas formas de partículas PM 2,5. De todos nuestros órganos internos, los pulmones son los únicos que se exponen directamente a la contaminación de interiores y exteriores, por lo que no sorprende que el resultado de respirar aire contaminado se manifieste primero como complicaciones respiratorias.

En el caso de un espacio de oficina (y un hogar), parte de la contaminación del aire proviene de los procesos naturales de respiración, lo que podría parecer una especie de contradicción. El CO2 que se produce biológicamente es un material de desecho que nuestros cuerpos exhalan luego de que la respiración celular convierte al oxígeno y la glucosa en energía. A lo largo del día exhalamos aproximadamente 2.3 libras, poco más de un kilogramo (1,043 kg), de él. Eso es casi 304 gramos de CO2 por persona en una jornada de trabajo promedio de siete horas. No parece mucho, hasta que tomamos en cuenta la presencia de otras personas en la oficina, y entendemos como el CO2 se acumula en los espacios interiores que no están bien ventilados.

Pero la ventilación pasiva no siempre es una buena solución. La mayoría de las veces, abrir puertas y ventanas para permitir que entre aire fresco es contraproducente. Puede ventilar nuestro propio CO2, pero también introduce parte del aire contaminado por el tráfico y la industria. Por supuesto, el grado de contaminación del aire que ingrese dependerá del área donde se encuentre nuestro edificio de oficinas. Si estamos cerca de una carretera muy transitada, un complejo industrial o un aeropuerto, experimentaremos más contaminación que en una oficina ubicada en las colinas.

Algunas veces, la ventilación mecánica puede parecer una buena solución, pero tiene sus inconvenientes. Por lo general, estos sistemas reducen las concentraciones de CO2, otros contaminantes y la humedad, pero lo hacen con un coste energético (y por tanto económico) elevado. En la mayoría de las ocasiones, estos sistemas se ubican en el techo, lo que los hace muy efectivos contra los contaminantes que flotan en el aire, pero tienen poca o ninguna acción con las partículas que se encuentran más cerca del piso. No solo eso, tampoco hay que olvidar que los sistemas de ventilación mecánica también son voluminosos, rara vez vienen equipados con filtros, y requieren intervenciones un tanto destructivas cuando se instalan en edificios antiguos, como es el caso de muchas ciudades de Europa.

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Hay más, ¿verdad?

Desde luego que lo hay. Existe una larga lista de contaminantes del aire interior que son generados por todos los muebles, alfombras, productos electrónicos y otros suministros que se encuentran dentro de nuestras oficinas. Estos productos que hacen que una empresa funcione son también portadores de Compuestos Orgánicos Volátiles (COV), una familia de hidrocarburos, como el benceno y la acetona, que se evaporan a temperatura ambiente y pueden ingresar fácilmente a nuestros cuerpos y causar un daño tremendo a largo plazo. Los COV se utilizan en la fabricación de muchos productos de consumo que se encuentran en cualquier oficina, como impresoras, tintas y fotocopiadoras.

También se pueden encontrar en pegamentos y plásticos, alfombras, pinturas y pisos, así como en los detergentes que usamos para lavar nuestras tazas de café cuando terminamos la jornada laboral. Los encontramos en la pintura de nuestras paredes, y también en los productos de cuidado personal que nos aplicamos antes de ir a la oficina. Por supuesto, los desodorantes los tienen, y también los ambientadores. La verdad es que no importa dónde miremos, la infraestructura y las herramientas que hacen que una oficina funcione son también generadoras de contaminación del aire.

No hay nada bonito en estar expuesto a los COV. Un contacto a corto plazo con ellos puede llegar a causar dolores de cabeza, irritación de la nariz, los ojos y la garganta, náuseas e incluso complicaciones del asma para quienes padecen de este mal. Exponerse a ellos a lo largo de los años puede causar daños en el hígado, generar algún cáncer e incluso un colapso del sistema nerviosos central.

Por último, pero definitivamente no menos importantes, están el resto de los culpables tras la mala calidad del aire de nuestras oficinas. Todas las pequeñas partículas de polvo traídas del exterior o generadas por la descomposición de los materiales con los que está construido nuestro edificio. Todo el cabello que desprendemos a lo largo de las horas, el polen, el moho, los virus y los patógenos que los propios oficinistas traen con ellos, ácaros y bacterias de todas formas y colores. Lo que realmente sorprende de todo este paisaje, es que no estemos más enfermos de lo que ya estamos.

Las oficinas son verdaderos pantanos, y es en medio de ellos donde nos ganamos la vida. Son un ecosistema complejo de gases producidos de forma natural y artificial que afectan nuestra salud a través de concentraciones que se acumulad durante años. Claro, la situación podría ser mucho peor, y hay cosas que podemos hacer para minimizar el impacto de los COV, NO2 y PM 2,5 en nuestra salud.

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La tecnología de AIR8 es una buena solución

Trabajar desde casa es ya una tendencia en estos días, pero eso no mejorará nuestra salud. Los mismos suministros y materiales de construcción que se encuentran en las oficinas se encuentran también en nuestros hogares, por lo que no importa a dónde vayamos, la contaminación del aire estará ahí con nosotros.

Como lo comentamos algunas líneas más arriba, la ventilación pasiva no es la mejor solución a nuestro problema, pues introduce contaminantes externos a nuestros interiores. La ventilación mecánica tampoco es óptima, ya que es costosa y engorrosa, solo recircula el aire y no logra deshacerse de muchos contaminantes a nivel del suelo. ¿Y qué tal la tecnología de filtración HEPA-13? Eso es exactamente en lo que nosotros, en AIR8, somos expertos.

Nuestros productos han sido diseñados para ser la solución perfecta para cualquier necesidad espacial. Tenemos experiencia con diversas industrias que requieren del aire más limpio posible, lo cual es posible gracias a nuestros filtros de grado-médico. Eliminan el NO2 de cualquier estancia, así como partículas PM 2,5, polen, virus como el Covid-19 y patógenos de todo tipo. Todos nuestros productos utilizan tecnología punta, como el Carbono Activado, que convierte las moléculas gaseosas a estado sólido, de manera que filtra los olores.

Puedes transportar a nuestros filtros de una habitación a otra, ya que son ligeros y fáciles de mover. A diferencia de los sistemas de ventilación mecánica, son económicos en cuanto a costo y energía, no hacen un solo ruido y refrescan cualquier espacio en el que se encuentran. Su rango de filtrado de 130 m2, y su alto CADR (tasa de suministro de aire limpio) los convierten en el producto más efectivo de su tipo en el mercado. Nuestro compromiso con un aire interior más limpio y saludable es sincero, y siempre lo tenemos en cuenta cada vez que enviamos uno de nuestros productos a nuestros clientes. Las oficinas pueden ser entornos tóxicos para nuestra salud, pero eso no significa que no puedas hacer algo para corregirlo. Tus trabajadores te lo agradecerán.

 

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