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Contaminación del aire y ciencia ciudadana

La obtención de datos sobre los índices de contaminación del aire no es tan transparente como la mayoría de nosotros pensamos. Algunos gobiernos se están quedando atrás en los esfuerzos por reducir la contaminación y prefieren no decir algo al respecto. Sin embargo, la ciencia ciudadana puede ayudar a que la gente tome decisiones informadas.

Cuando no se es lo suficientemente claro

La contaminación del aire, como hemos notado aquí antes, es un problema complejo que no se puede atribuir a una sola fuente. Esto significa que no se resolverá simplemente encontrando una solución brillante que se ajuste a todos los casos. Para que podamos tener un rayo de esperanza en reducir la contaminación del ambiente, y llevarla a niveles manejables, debemos pensar como si estuviéramos tratando de resolver un rompecabezas. No podemos resolverlo utilizando un solo enfoque. Se necesitan múltiples formas de inteligencia (espacial, lógica, color, matemática, etc.) para encontrar las piezas adecuadas o la combinación de movimientos acertada. Esto, por supuesto, se reduce a la información. Datos que se procesan, razonan y aplican para llegar al objetivo: resolver el rompecabezas. O, en nuestro caso, la contaminación del aire.

Pero sin datos no hay forma de encontrar soluciones a nuestro problema. Los gobiernos de todo el mundo se han comprometido a reducir las emisiones de contaminantes, reducir los desechos y mejorar las prácticas industriales y agrícolas, pero algunas veces parece como si se tratara tan solo de palabras. Más importante aún, la contaminación es un problema para todos nosotros, lo que significa que todos deberíamos estar haciendo algo, por poco que sea, hacia el objetivo final de un mundo más saludable y limpio.

Tenemos el derecho a saber lo que dicen los datos, y podemos estar seguros de que la nuestra es una situación preocupante cuando los gobiernos no los proporcionan como deberían. Esto es lo que está sucediendo en el Reino Unido, donde la Oficina Nacional de Auditoría (NAO) acusó al gobierno de no informar adecuadamente al público sobre las soluciones que se están aplicando para frenar la contaminación del aire. No solo eso, la NAO también ha señalado que será imposible que el gobierno cumpla a tiempo con los objetivos para la calidad del aire establecidos para 2030. Puesto en otras palabras, mientras la gente se mantiene un poco a oscuras con respecto a los problemas de la contaminación del aire en sus áreas de vivienda, las promesas que con mucho optimismo se establecieron para dentro de siete años en el futuro quedarán como eso: en simples promesas.

Esto no sucedería en un mundo justo, desde supuesto. Por desgracia, tendemos a olvidar que el nuestro no es justo en lo absoluto. Los gobiernos son complejos y la contaminación del aire no es el único problema al que se enfrentan, pero de ellos se esperaría por lo menos un poco de compromiso con la causa. Muchas veces, los gobiernos solo hablan y hacen promesas para satisfacer a los ciudadanos y a los organismos de control ambiental. Otras veces, se trata de mera incompetencia. ¿Cómo podemos ayudar a resolver el problema de la contaminación si nuestros propios funcionarios, muchas veces, no están a la altura?

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La ciencia ciudadana puede democratizar la información

Uno de los principios básicos de la ciencia es el libre acceso a la información. La tecnología ha avanzado hasta tal punto, que hoy en día cualquier persona con un poco de conocimiento en ingeniería y una pizca de creatividad, puede montar una pequeña estación de observación con cual rastrear la calidad del aire, la contaminación de los ríos, o el deterioro del suelo. Mejor aún: los datos obtenidos a través de proyectos de ciencia ciudadana pueden ser utilizados, ya sea por agencias privadas o por organismos gubernamentales, para mejorar las políticas relacionadas con la contaminación.

Eso es lo que sucedió hace algunos años, cuando los habitantes de Tonawanda, un pueblo de Nueva York, observaron una clara conexión entre sus problemas de salud y la calidad del aire. Entre ellos crearon la Clean Air Coalition of Western New York (Coalición de Aire Limpio del Oeste de Nueva York), compuesta por voluntarios que, gracias a una serie de sensores sencillos, recolectaron muestras del aire para ser analizadas. Como era de esperar, descubrieron grandes concentraciones de benceno, el cual puede llevar al desarrollo de cáncer tras exposiciones prolongadas. La iniciativa fue llevada con tal profesionalismo, que convenció al Departamento de Conservación Ambiental de Nueva York de realizar más estudios sobre la calidad del aire regional. Esto llevó a la Tonawanda Coke Corporation a mejorar sus operaciones y métodos de trabajo, lo que se reflejó en una reducción del 86% en las concentraciones ambientales de benceno.

Esto es prueba de que el trabajo hecho por los ciudadanos puede ser tan bueno como para cambiar la manera en que se dan ciertas prácticas corporativas e industriales. Clean Air Coalition of Western New York fue creada desde cero por personas convencionales, gente sin vínculos con el gobierno o con organizaciones científicas, aunque la ciencia ciudadana también puede hacerse con la ayuda de agencias privadas que dan todo su apoyo y orientación. Por ejemplo, en 2015, el Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI) dirigió un estudio con el cual comprender el impacto de altas concentraciones de material particulado, como el PM 2.5, en el asentamiento de Mukuru, en Nairobi. Los ciudadanos utilizaron monitores y sensores personales para estudiar la dinámica de estos contaminantes, y así compilar datos que más adelante puedan ser utilizados en la toma de decisiones. El proyecto fue tan exitoso, que SEI ha realizado otros dos más en la misma área.

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Cambios por medio de la ciudadanía

El trabajo de SEI llamó la atención de varios legisladores de la región. Los datos que se obtuvieron sobre las altas concentraciones de materia particulada en el aire llevaron a una serie de conversaciones con la comunidad. Esto resultó en reuniones y asambleas que llevaron ala creación la Red de Calidad del Aire de Kenia, un organismo destinado a la investigación, educación y creación de conciencia sobre los peligros de la contaminación del aire, así como de estrategias para combatirlo. Y es ahí donde se encuentra el poder de la ciencia ciudadana: en compartir información para el bien de todos. Así las personas tendrán una comprensión más clara de lo que está sucediendo y podrán tomar mejores decisiones.

La ciencia ciudadana es un esfuerzo que se hace en comunidad, pero las personas individuales también pueden contribuir. El diseñador chino Huachen Xin, por ejemplo, ha creado una pequeña pieza de hardware que puede ser muy útil para comprender los índices de contaminación de una región. Se llama Pollution Ranger and Smog Shade, y se puede utilizar para visualizar datos sobre los niveles de contaminación del aire en una ciudad.

Funciona en dos partes. Primero, el Pollution Ranger, un monitor de aire que se instala en taxis, autobuses o cualquier otra forma de transporte. A medida que los vehículos recorren un área determinada, los Pollution Rangers registran la presencia de diversos contaminantes. Estos datos luego se transmiten al Smog Shade, una pantalla circular transparente montada sobre un marco de aluminio. La pantalla está hecha de dos capas de una película polarizada, y una de ellas gira 90 grados para cambiar entre varios grados de opacidad y transparencia. ¿Por qué? Porque según los datos obtenidos por el Ranger, la pantalla se volverá más y más negra cuanto más contaminada esté la zona. Esto da una pista visual sobre los niveles de contaminación en un parque, una plaza pública o un vecindario.

De manera similar a lo que está sucediendo con el Reino Unido, el proyecto Huachen Xin fue una reacción ante la negativa del gobierno chino en poner a disposición del público datos suficientes sobre los índices de contaminación ambiental. O, incluso peor aún, información falsa, pues se sabe que algunos de los monitores de calidad del aire han sido ubicados en zonas limpias, como parques y colinas.

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Con AIR8 controlamos la contaminación de los espacios interiores

Lo maravilloso de los proyectos de ciencia ciudadana es que las personas pueden tener control directo y mayor comprensión sobre el problema que investigan. Como demuestra el caso de Tonawanda, una vez que las personas han recopilado y entendido los datos, pueden utilizarlos para convencer a las autoridades de que intenten hacer algo al respecto.

Por supuesto, estos son casos ideales. Los gobiernos o las agencias privadas pueden optar por ignorar la información recopilada por los ciudadanos, y no ceder a menos que se les aplique presión. Al final, son los peces gordos quienes deciden si hacen algo con respecto a nuestros problemas con la contaminación del aire exterior. Sin embargo, somos nosotros quienes decidimos qué hacer con la contaminación de nuestros aire interior.

Pasamos el 90% de nuestro tiempo a puertas cerradas. La contaminación del aire en nuestros hogares y oficinas puede ser tan mala como en el exterior, y no necesitamos de monitores para saberlo. Podemos sentirlo. Por eso, en AIR8 hemos diseñado una línea de productos que garantizan que el 99,97% de todos los patógenos, virus, polen y contaminantes tóxicos, así como las partículas PM 2,5 y el Dióxido de Nitrógeno (NO2), son filtrados por completo. ¿Cómo lo logramos? Utilizando tecnología HEPA-13 de grado-médico en nuestros productos. Esto significa que el aire dentro de tu oficina será lo más fresco e higiénico posible.

Trabajamos con diferentes industrias que necesitan de aire limpio y puro. Nuestros productos tienen un rango de filtración de hasta 130 m2, y son silenciosos y de bajo consumo. A diferencia de los voluminosos sistemas mecánicos de ventilación, nuestros filtros se pueden mover fácilmente de una habitación a otra, y no requieren de intervenciones obstructivas en el edificio. Estarás haciendo lo mejor para ti y tus empleados cuando te pongas en contacto con nosotros. Todos podemos hacer nuestra pequeña parte en mejorar la calidad del aire exterior, pero con AIR8 definitivamente podemos arreglar la calidad de nuestro aire interior.

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