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Baja calidad de aire significa baja productividad en la oficina

Se ha descubierto que las partículas PM 2,5 y la baja ventilación están directamente relacionadas con bajo desempeño en el espacio de trabajo.

Ya todos sabíamos esto

Algunas cosas son demasiado obvias para que no las sospechemos, incluso si no tenemos los datos con cuales respaldar nuestras sospechas. No se necesita mucho para sumar dos más dos. Varios son ya los estudios que muestran cuáles son los efectos terribles que tiene sobre nuestra salud el aire contaminado del exterior, tanto física como mentalmente. Por lo tanto, es solo una cuestión de lógica intuir que efectos similares, aunque tal vez un poco más leves, se pueden esperar del estancado aíre que respiramos en nuestros interiores.

Se sabe, por ejemplo, que el mal sueño puede vincularse a altas concentraciones de dióxido (NO2) y partículas PM 2,5, esos pequeños y desagradables fragmentos de contaminación que pueden causar un desastre en nuestro sistema respiratorio. Por eso no es descabellado sospechar que otras funciones cognitivas, como la concentración y el pensamiento abstracto, también pueden verse afectadas por estos contaminantes que cuelgan del aire de nuestras oficinas.

Ver a través de la niebla interior

El pasado septiembre de 2021, un equipo de la Escuela de Salud Pública T.H Chan de Harvard publicó un muy interesante estudio. Se trata de una investigación hecha a lo largo de un año, dirigida por el Dr. Guillermo Cedeño Laurent, y que analizó los efectos cognitivos causados por la contaminación en el aire interior de los espacios de trabajo. Fue un proyecto de largo alcance, repartido en ciudades de Tailandia, China, India, México, Estados Unidos y el Reino Unido. Incluyó a oficinas de ingeniería y arquitectura, bufetes de abogados y bienes raíces, además de empresas tecnológicas.

Los participantes tenían entre 18 y 65 años. Fueron escogidos luego de un largo procedimiento de selección, pues para participar en el experimento, debían hablar inglés, español o chino, además de no ser fumadores ni daltónicos. También era necesario que tuvieran un teléfono móvil compatible con la app del experimento, además de ser empleados de tiempo completo en la empresa con escritorio propio. Esto último fue de mucha importancia, pues el equipo de investigación equipó estos escritorios con sensores ambientales para medir el aumento de CO2 y las concentraciones de partículas PM 2,5.

Cada vez que estos sensores detectaban una acumulación interior de CO2 y PM 2,5, se les pedía a los participantes que realizaran alguna de dos tipos de pruebas. La primera, que pretendía evaluar la velocidad de cognición, requería resolver problemas sencillos de aritmética. La segunda, les pedía que identificaran correctamente el color con el que se escribían ciertas palabras que aparecían en las pantallas de sus teléfonos. Esta prueba pretendía evaluar la capacidad para concentrarse en un objetivo concreto.

Y aquí están los resultados

El Dr. Cedeño y su equipo descubrieron que las altas concentraciones de partículas PM 2,5 y la acumulación de CO2 están vinculadas a una reducción en el desempeño de los empleados. Aunque, desde luego, hay sutilezas entre los datos. Las altas concentraciones de ambos, partículas PM 2,5 y CO2, coinciden con la baja precisión en las pruebas de identificación de colores.  Sin embargo, se encontró que tan solo las concentraciones de CO2, y no las de partículas PM 2,5, son responsables del lento tiempo de respuesta en las pruebas matemáticas. En general, un aumento de estos dos elementos en la oficina resultará en bajo rendimiento.

Las consecuencias son obvias. Si no queremos ver una disminución en la productividad de nuestros trabajadores, necesitamos mejorar la calidad del aire que se respira en las oficinas. Pero no es tan sencillo hacerlo. Si, estamos de acuerdo con el Dr. Cedeño: la ventilación es necesaria para filtrar los contaminantes del aire interior. Sin embargo, muchas veces esa no es la mejor solución. ¿Por qué? Porque a medida que el aire de nuestras ciudades se hace más y más contaminado, arrastramos un poco de él al interior de nuestras oficinas cada vez que entramos y salimos del edificio. Siempre que abrimos las ventanas.

El CO2 es una sustancia natural que es inherente a los procesos biológicos que nos mantienen vivos. El ser humano promedio produce 500 litros por día, por lo que es importante ventilar los espacios cerrados para evitar concentraciones tóxicas. Sin embargo, abrir todas las ventanas de la oficina ya no es la opción más sensata. Lidiar con partículas PM 2,5 ya es otro asunto diferente. Aunque algunas de estas partículas son producidas por vehículos a motor, otras se producen en los espacios interiores. Por ejemplo, por el humo del tabaco o por esa pequeña estufa en la cocineta, alrededor de la cual todos se reúnen a comer galletas justo antes de la hora de cierre.

Se necesita de buen diseño arquitectónico y de interiores para lidiar con la contaminación del aire interior. En otros artículos hablaremos de varias soluciones pasivas con cuales dispersar de nuestros edificios las concentraciones de partículas de CO2, NO2 y PM 2,5. Sin embargo, estas no son soluciones mágicas. No importa cuán inteligentes puedan ser nuestras ideas, siempre habrá focos de contaminación de aire interior. Esa es la naturaleza del mundo moderno.

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